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FrediScans
Diario de una paranoica enamorada | Página principal
· Biblioteca | Publicado por: winxuka @ 16 Apr 2008 9:22 pm
Capitulo 0:
¡Hola! Soy una rubia escultural de metro ochenta que acaba de entrar como colaboradora en el ya famoso programa Sé lo que hicisteis... o ya me gustaría. En realidad, soy más bien morena, no llego al metro setenta y cinco y sólo soy becaria.. pero de ilusiones también se vive..¿no? Lo cierto es que sí trabajo en Sé lo que hicisteis.. pero sólo como "eh tú, tráeme un café". En realidad no creo que eso sea un trabajo, pero es para lo único que me llaman. Empecé a trabajar ayer y nadie me ha enseñado nada aún. Pero no me importa... ¿Sabéis por qué? Porque una de esas personas que me pide café...concretamente café americano con dos de azúcar.. es Ángel Martín. ¿Y quién es ese? Os preguntareis.. Pues es el personajillo con el que sueño todas las noches desde hace ya un par de años...Sé que mi actitud no es muy madura, que este pasaje de mi diario podría estar escrito por una cría de 15 años...pero Ángel tiene algo...
Seguramente penséis que digo lo mismo de todos, y es verdad, pero no he visto a nadie que se beba el café de una forma tan erótica... y seguramente él no conoce a nadie que babee tanto mirando un boli... Pero ¿Qué podía hacer? No podía decirle que aquella cara de absoluta imbecil era producto de sus labios en contacto con aquel vasito de plástico...y lo primero que vi fue aquel bolígrafo bic de los de toda la vida...asomando por su chaqueta..y fue una excusa perfecta, o eso pensé en aquel momento. Bueno...quizá no conseguí que me tumbara en la mesa y me quitara la ropa en plan 9 semanas y media...pero ahora tengo un boli bic de Ángel Martín..¿Será eso que me ama?¿Pensará que soy idiota?...¿Aún se acordará de mí?

Capitulo 1:
Como ya os conté ayer, Ángel Martín me regaló su maravillosamente fantástico boli bic.. Así que aquí estoy yo.. llevo una semana bizqueando en busca de una pista de su amor, algún símbolo en clave de algún idioma secreto que sólo conozcamos nosotros dos y que nos permita vivir la mayor historia romántica de nuestras vidas... Pero no hay nada salvo pequeñas marquitas de dientes, producto de alguna mañana nerviosa..
Pero quien sabe, con lo avanzada que está la ciencia quizá dentro de poco pueda crearme a mi propio Ángel a partir de los restos de ese boli..
Pero tranquilos...tengo un plan perfecto, todas las mañanas él pasa por delante de mi mesa con su maravilloso culo y me pide un café. Hoy, cuando lo haga, me levantaré, le cogeré la muñeca y lo acercaré a mí hasta que sólo nuestra nariz separe nuestros labios y le diré "Desde que te conocí sé que toda mi vida no ha sido más que un prólogo de este momento" y entonces nos besaremos apasionadamente, él me cogerá en brazos y saldremos entre aplausos mientras a la lagarta de su novia le estalla la cabeza en pedacitos..
Es un plan brillante ¿Qué puede fallar?
Él ya está aquí, se acerca a mi mesa y antes de que abra la boca aparece Patricia Conde, con un café en la mano.
- Toma, Ángel.
¡No puede ser, me ha arruinado el plan! Si es que las rubias son todas iguales, cuando menos te lo esperas..¡ZAS! Las morenas deberíamos unirnos contra ellas y dominar el mundo..Sin darme cuenta me he levantado y he golpeado la mesa, haciendo que el café se derrame sobre Patricia..
Alguien me chilla, no se quién es porque he menguado hasta convertirme en un pequeño mosquito que aguarda ser aplastado por uno de esos zapatos caros que son infinitamente más feos que unas deportivas convers de las de toda la vida, pero que visten más. Pero mi amado apacigua al salvaje diciendo que ha sido un accidente. Me crezco y sonrío con burla al señor que grita. Él se marcha enfurecido, lanzando maldiciones contra mi familia y Patricia me ruega que le perdone, le excusa diciendo que tienen problemas porque les falta alguien para un sketch.
Yo, sin saber muy bien que hago hablando con Patricia cuando medio minuto antes buscaba 101 maneras de torturarla con una cucharilla de postre, me ofrezco voluntaria, no porque me apetezca salir en la tele, sino porque quizá eso me de más oportunidades de acercarme a Ángel. Por él me comería un plato entero de judías verdes... ¡y eso que las odio!
Patricia y Ángel se marchan a comentar mi propuesta y yo me quedo sola en mi mesa recapacitando..
¿Me habrá defendido porque sabe que estamos hechos el uno para el otro? ¿El sketch será una escena pastelona con mi amor? ¿Podré pasar un día sin meter la pata?

Capitulo 2:
Perdón por no haber escrito ayer pero... ¡Tuve un día muy ajetreado! Sí, no es por fardar pero… ¡Tuve una cita con Ángel Martín! ¡Sí señor! ¿Quién es la mejor? ¿Quién es la mejor? ¡Yo soy la mejor!
Bueno, voy a intentar contar mi increíble, erótica y apasionada historia desde el principio…
Creo que el otro día me quedé en que Vívora2 (antes conocida como roba momentos románticos y antes conocida como Patricia Conde) me contó que les faltaba un extra para un sketch y yo, solidaria y estupenda, le dije que podían contar conmigo.
Lo que no me habían contado es que mi sketch trataba sobre pingüinos y yo iba a parecer el hermano negro de piolín (con cabezón y todo), así que como a Ángel Martín no le atrajesen de mala manera los pollos gigantes, que por alguna estúpida razón creo que no, yo no tenía ninguna posibilidad con él así vestida…
Empezó el programa, empezó el sketch y entre los nervios, el calor y oír la vocecilla de mi amor de fondo… ¡PUM!
Aparecí en el pasillo que lleva a plató, rodeada de gente que supuse que serían el equipo del programa. Me contaron que me había desmayado justo en el momento que la cámara enfocó a la mesa, y yo suspiré aliviada sabiendo que al menos un millón de espectadores seguían sin saber que era estúpida.
Oí un ruido de tacones al fondo, no sé vosotros pero para mí es uno de los peores sonidos que existen junto con arañar una pizarra y pisar cucarachas… si yo fuera la reina del universo obligaría a todo el mundo que los quemara y que nunca se pudiera volver a hablar de ellos, bueno pues el ruidito era provocado por Víbora2, que junto con mi amor, corrían hacia mí para ver si estaba bien. Pero nada más llegar los anuncios acababan y todos, incluido el equipo, tuvieron que correr.
“El chou debe continuar” dije por lo bajo, y oí como alguien reía… Giré la cabeza, no sin dificultad porque aún no me habían quitado el traje de pollo, y vi a Ángel de cuclillas a mi lado.
- ¿Qué haces tú aquí?
- Sí quieres me voy – dijo divertido ante mi comentario
- ¡Noo! – mierda, sonaba demasiado desesperada – ya sabes… el chou.
- Mi sección ya ha terminado – y me extendió su mano como si fuera lo más normal del mundo.
- Entiendo – la cogí como cogería la mano de mi padre y no como si por dentro mi corazón estuviera bailando la conga con mi estómago.
- Ven, necesitas comer algo

Y yo lo seguí, como siguen las moscas a un montón de fascinante mierda. Cuando por fin conseguí quitarme el traje completo, Ángel me sacó de La Sexta y me llevó a un bar cercano. Nos sentamos en el fondo, en uno de esos sillones que sólo están en algunas mesas y él fue a pedir algo. De fondo sonaba Fito&Fitipaldis y a mi me entraron unas ganas locas de bailar.
Volvió con dos cafés y una montaña de terrones de azúcar.
Estuvimos hablando sobre él, sobre sus comienzos en la televisión y cómo decidió hacerse cómico y actor.
Yo me excusé para ir al baño y allí me puse a bailar delante de los espejos y alguna que otra señora cincuentona que se esmeraba en lavarse las manos.
“Ya no sé si soy yo el que está al revés o es el mundo que está cabeza abajo”
Cuando ya me hube tranquilizado un poco y me convencí de dejar de mirar la taza y mirarle a los ojos volví a mi asiento.
Yo intentaba mirarle a la cara de veras pero parecía como si los dos tuviéramos cargas positivas y nuestras miradas se repelieran… Eso confirmaba que éramos almas gemelas pero fastidiaba mi plan de enamorarle con una de esas miradas apasionadas que tanto había practicado ante el espejo a lo de Niro en Taxi Driver.
Me preguntó por mí y yo no supe que contarle. Mi vida era sosa y vacía. No tenía grandes triunfos ni anécdotas graciosas. Y eso le dije.
A lo que él riendo contestó:
- Pues aquí en tres días ya has salido en la tele.
- Y he derramado café sobre Patricia Conde.
- Exacto
Seguimos riendo y yo fui perdiendo la vergüenza e incluso me atreví a mirarle a la boca. Estaba desconcertada y él lo noto.
- No creía que fueras así
- ¿Cómo?
- Ya sabes... Si yo fuera una estrella de la tele no hablaría con nuevas becarias de la oficina que pudieran ser espías de periodistas de la tele, o que pudieran ir a programas de televisión a contar tu vida…
- No vale la pena preocuparse tanto, como ves, yo no tengo paparazzis persiguiéndome y tampoco me importa si alguien habla de mí, eso es esencial para poder salir en la tele… sino, estás jodido.

Yo estaba pletórica. Tenía que conseguir su móvil, su messenger, o mejor, ¡las llaves de su apartamento!
Pero alguien le llamó y tuvimos que volver a La Sexta. Era Vívora1, la lagarta de su novia, que nada más verlo se lanzó sobre él y yo quedé reducida a un gusano. Me alejé arrastrándome como pude mientras pensaba nuevas y mejores maneras de sacarle el corazón sin mancharme de sangre…
¿Tendría que haberle contado que sé hacer el cubo de rubik en 3 minutos para impresionarle? ¿Habría cambiado nuestra conversación algo en nuestra relación? ¿Vívora1 tendría una muerte súbita?

Capítulo 3:
Estuve toda la noche en vela, mis neuronas parecían estar haciendo una guerra de almohadas y no dejaban de pensar en Ángel. Para desconectar me puse a ver una película: El prestigio; y oye, que me entró el gusanillo de la magia. Hoy cuando salga del trabajo pienso comprarme un kit de esos de Magia Borrás.. De momento estoy practicando trucos de internet y tengo un talento natural. En poco tiempo podré hacer desaparecer la estatua de la libertad, un avión y espero que a Vívora1...nada es imposible.
Como cada mañana, puntual y más guapo que nunca, Ángel se acerca a mi mesa y antes de que abra la boca saco el café que había escondido en la mesa y digo:
"¿Te gusta la magia?"
No le dejo contestar y saco un as de corazones del vasito.
Ángel sonríe complacido como sonríe un niño cuando le regalan un globo en una feria y a mí el corazón se me desboca.
- Estás llena de sorpresas
Le regalo la carta "como cambio por el boli bic" y se va.
Yo me quedo contenta cual anuncio de compresas y las otras secretarias se me quedan mirando. Incluso me atrevo a reirme por lo bajo mientras hago un solitario.
Hoy estoy que me salgo y nada puede detenerme... Incluso creo que le he mirado a los ojos...
¿Me durará la buena racha?¿Ángel conservará mi carta?¿Seré una futura David Copperfield?

Capítulo 4:
No he vuelto a ver a Ángel en todo el día, pero hoy incluso e aprendido cosas, como a usar la fotocopiadora y a mandar mensajes entre la red de ordenadores de la oficina... Decían que llevaba demasiado tiempo sin hacer nada. ¿Y se tienen que dar cuenta precisamente hoy?
El día transcurre aburrido y se me pega la cara de besugo que en algunos trabajos parece que es parte del uniforme. Me gustaría acercarme a ellos y sepultarlos en kilos y kilos de all bran de kellogg's de esos que en los anuncios ponen tan felices a la gente.
Pero en vez de eso vuelvo a jugar con mi baraja incompleta. Mi labor como superheroina tendrá que esperar un día más.
Un zumbidito me distrae. Es un mensaje de esos que me han enseñado. ¡Y es de Ángel! Quiere un café.
¿Ahora es cuando tengo que entrar en una taza de café gigante cantando a lo Marilin Monroe?
Bueno pues llego a su mesa, porque él también tiene mesa, y le doy su café. Debería decir algo ingenioso pero no se me ocurre nada.
- ¿Tienes algún truco nuevo?
- Lo siento, sólo uno al día
- ¿Y si te invito a una fiesta?
- ¿Una fiesta?
- La verdad es que va casi todo el equipo de SLQH, pero las becarias no suelen estar invitadas.
- Gracias, pero no creo que vaya.
Me doy la vuelta para irme y él me detiene. Me pregunta por qué no quiero ir y le contesto diciendo que no conozco a nadie en la oficina y que no me apetece pasarme la fiesta sentada en una esquina.
Él me dice que él me presentará a la gente y que no me preocupe. ¿Cómo negarme a esos ojitos?



Capítulo 5:
Como ya os conté esta noche tengo fiesta de empresa…pero no tengo ninguna gana de ir. Porque aunque no lo parezca, por mi desparpajo y mi gracia natural, yo soy muy tímida, y no me hace ninguna gracia tener que relacionarme con gente nueva. Pero se lo he prometido a esos ojazos marrones y no puedo echarme atrás.
Total, que llego a la fiesta un poco más tarde de la hora prevista; haciéndome esperar, como las divas.
Nadie se fija en mí y yo busco estratégicamente una esquina que esté cerca de la barra, quizá esté sola pero seré una borracha feliz. Me pido una cerveza y busco a Ángel con la mirada. Lo encuentro conversando con gente desconocida para mí y busco una postura con la que poder mirarlo sin que se piensen que soy una psicópata salida.
Está tan guapo como siempre, con unos vaqueros y un jersey naranja. No lo puedo evitar y mi mente se evade. Imagino mi futuro junto a Ángel, como siempre bastante exagerado.
En una mansión, con amplios jardines, fiestas elegantes plagadas de Ferrero Rocher, y yo cual Isabel Presley del brazo de mi amor, con esmoquin y monóculo, como la gente con clase.
Mis pensamientos se evaporan cuando una melena rubia cae sobre mi copa. Me quedo con las ganas de decir “Rubia tenía que ser” para poder esquivar el río de vómito que empezaba a expulsar como si de lo más normal se tratase. La hubiera dejado allí, expulsando fluidos y bebiendo, pero mi miniyo ángel no me lo permitía así que decidí, para mediar entre mi miniyo maligno y el solidario, que la ayudaría y luego la miraría mal cuando me la encontrara por los pasillos.
La levanté como pude, porque era bastante más alta que yo, y la intenté ayudar a andar. Pero Vomitator no estaba dispuesta a cooperar, así que le hice la zancadilla y la llevé arrastrándole los píes por el suelo. Ella parecía intentar hablarme, o sólo hacía bombitas con saliva, no estoy muy segura. La senté en la calle y me la quedé mirando. Toda despatarrada en el suelo con el pelo mojado y manchado sobre la cara, parecía una Nancy de esas de imitación de los chinos, que son más feas y más horteras.
Me senté a su lado, esperando que el aire fresco la hiciera reaccionar y rezando porque no se me desmayara. Traté también de recordar uno de esos cursos tan útiles de primeros auxilios que se hacen en el colegio y en ocasiones en el trabajo, pero no recordaba que hubiesen dicho nada de cómo resucitar a una rubia modorra borracha. Así que la idea más brillante que se me ocurrió fue hablarle y hablarle.
- ¿Sabes rubita? A mi me ha invitado a venir Ángel Martín, me ha dicho… ¡Ven! Te presentaré a gente… será divertido. Y en vez de eso estoy aquí, viendo los restos de la última comida de una borracha. ¡Yo tendría que ser la que estuviera semiinconsciente!¡Yo tendría que tener esa sonrisa estúpida!¡Yo también tengo derecho a emborracharme! ¡Me tendrían que estar cuidando a mí! ¿Estarás contenta?
Pero Vomitator seguía haciendo sus pompitas con la boca. Estaba a punto de llamar a un taxi cuando salió Ángel.
- ¿Está bien?
- Sí, sólo está borracha… en un rato se le pasará. Pensaba llevarla a casa…¿Sabes donde vive?
- Sí… es mi novia.
- ¿Ella? ¿Es? ¿Ella es? – no me lo podía creer ¡Había estado cuidando a Víbora1!
La verdad es que todos esos pelos y vómitos en la cara le favorecían mucho. Llamé a un taxi y ayudé a Ángel a levantar a Vomitator, que me caía mucho mejor que Vívora1. Inconsciente era mucho más inofensiva. La subió en el taxi y luego me miró.
- Ya me espero a otro taxi, tranquilo.
- De eso nada, llevas mucho rato cuidándola, sube. Luego te acercaré a tu casa.
¿Quién me iba a decir que acabaría el día en casa de Ángel Martín?


Capítulo 6:
¿Qué hay mejor que pasar un sábado noche en un taxi con el hombre de tus sueños, su novia semiinconsciente y restos de vómito y babas por todo el cuerpo?
Eso era en lo único que podía pensar en los veinte minutos que llevaba allí. Nadie había dicho ni una palabra y lo único que se oían eran los comentarios del taxista que intentaba romper el hielo y el susurro de la radio. Estaba tan desconcertada por la rapidez con la que se habían ido sucediendo los hechos que ni siquiera me molesté en preguntarme si aquel sería el único taxista que no escuchaba la COPE…
Por fin llegamos a un adosado, donde al parecer residía la “Pareja Martín-Víbora”.
Paga Ángel y entramos a Vomitator hasta el salón. Desde allí Ángel se encarga de llevarla al dormitorio, luego sale y se tira al sofá, apoyado en uno de los brazos, al parecer, pensativo.
Yo no sé muy bien que hacer, es un momento bastante tenso y preferiría estar en mi casa tumbada, viendo la tele o cebándome a helando imaginando lo que podría haber pasado en la fiesta…
- Tranquilo, mañana estará ya bien…si te preocupa que haya hecho el ridículo, yo la saqué pronto de allí… - más que por animarlo lo dije porque recordara que yo seguía allí.
Por un momento creí que no me había oído, porque no movió ni un músculo. Pero lentamente me miró, y en sus ojos vi lágrimas que se esforzaban por no salir.
- Mejor me voy, debes estar cansado y… - ni siquiera me esforcé por terminar la frase, sólo quería salir de allí.
- Por favor, no te vayas…

Capítulo 6.2:
En sus ojos veía que yo no era la persona indicada, pero no quería quedarse solo. Algo bastante más importante que una borrachera ocupaba su cabecita. Mi lado solidario volvió a vencer la batalla y me senté a su lado. No dije nada, simplemente le cogí la mano. A mí eso me funcionaba en mis múltiples momentos de bajón. Eso y el helado… pero no me imaginaba a Ángel hinchándose a chocolate para olvidar.
No sé cuanto tiempo pasó, ni cuanto rato permanecimos estáticos… pero espero que no fuera mucho porque mi mano empezó a sudar como si de ello dependiera mi vida, quizá por eso Ángel soltó mi mano y me miró. Seguía con los ojos brillantes y parecía a punto de llorar.
- He… he… discutido con mi novia. Por eso se ha emborrachado, por eso ha montado una escenita. No se qué hacer, estoy confuso. Creo que me estoy dando cuenta de que ella no es la persona que necesito. Creo – y se acercó más a mí – que – y se acercó un poco más – me estoy pillando por otra persona.
- ¿Por qué me cuentas esto? - ¡Oh dios mío! ¡Oh dios mío! ¡Oh dios mío!
- No lo sé…necesito hablar con alguien. Llevo ya un tiempo así, mi novia… no te equivoques conmigo, la quiero, pero… todo a cambiado desde hace unas semanas. Me siento un cabrón por todo esto.
- No eres un cabrón, esas cosas pasan – lo que no me podía creer es que eso me pasara a mi – no tienes más que dejarte llevar...
- Puede que tengas razón, pero de momento, será nuestro secreto…
Nuestro secreto…
- Quizá tú puedas ayudarme… quizá seas la única que pueda ayudarme –siguió diciendo
- ¿Yo?
- Sí, podrías hablar con Patricia..
- ¿Para qué?
- Bueno, ella es, ya sabes… “la otra”
- ¡PERO QUÉ CABRÓN!
- ¿Qué has dicho?
- Nada, nada...
Después de prometerle que le ayudaría con Patricia salí de su casa…porque el desgraciado ni siquiera me llevó en coche…
¿Debería comprar una lata de gasolina y un mechero y quemarle la casa?

Capítulo 7:
¡Enano traidor! ¡Puto egocéntrico! ¡Le va a traer cafés quien yo le diga!
¿Pero como ha podido hacer algo así?
Tenía que pensar un plan, algo tan maléfico que no podía formarlo hoy, hoy tocaba hincharme a chocolate y amanecer con el sonido de una peli romántica...
Mañana ya sufriría deborarubias ese...
Me despierto con restos de chocolate en la cara. Me miro al espejo y una ojerosa, despeinada y paliducha yo me devuelve la mirada. ¡Qué erótico! …y que Ángel Martín no se tire a mis pies... ¿Será mi desodorante?
En fin… llego a la ofi, después de un largo paseo bajo la lluvia, y descubro que nada ha cambiado. No ha llegado el Apocalipsis, no han muerto todos de repente, ni siquiera ha venido uno de esos testigos de Jehová ha proclamarlo…
Quizá Ángel Martín no fuera el centro del universo, incluso es posible que haya más tíos en el mundo.
Pero una visión destruye mis pensamientos como si de telas de araña se trataran. Ese algo es Ángel, sin duda, que a cámara lenta se quita el agua del pelo, cual actor porno, y sacude su melena (por decirlo de alguna manera) de un lado a otro…erótica y lentamente, recreándose en sus movimientos.
¡Es un dios del sexo!
Pero es un dios del sexo perverso…
Tenía que pensar en algo…

Capítulo 7 (Parte 2):

Como os contaba, Ángel había empezado a bailar de una forma muy sensual…mientras se quitaba la camisa lentamente y un elefante rosa pasaba volando a su lado...
¡Espera! Esto no es muy real, ¿no?
Despierto sobresaltada en una casa extraña, un desconocido me está dando la mano… me quito las legañas con la mano libre y descubro que es Ángel. ¿Todo era un sueño? Espera… ¿Desde cuándo? Bueno… ¿Y a quien le importa? Estoy en casa de Ángel, en SU sillón, cogida de SU mano, disfrutaré este momento. ¡Oh, míralo que mono como duerme!
A la media hora me empiezo a cansar de que no se despierte, así que empiezo ha hacer patéticos ruidillos haber si consigo despertarle. Nada, tiene un sueño muy profundo. Pruebo pegándole una pequeña patada… No hay manera. ¿Y si está muerto?
Me rindo, me levanto y sin soltar su mano lo zarandeo levemente. “¡Ángel, Ángel despierta!” Por fin se decide a abrir los ojos, aunque no con mucha energía que se diga.
De repente recuerda cómo se llama, quién soy yo y qué hago aquí y se levanta de un respingo.
- Oh, me he quedado dormido… ¡Lo siento! ¡Siento haberte causado tantas molestias!
- No hay tiempo para eso, yo también me he dormido. ¡Es tarde!
- ¿Qué? ¡Oh, madre mía!
En ese momento los planetas se alinean, alguna galaxia muere en algún confín del universo y ambos nos damos cuenta de que seguimos de la mano. ¿Y ahora qué?
Por “suerte”, y tan oportuna como de costumbre, aparece Víbora1, que al parecer se ha despertado con el tumulto de mis gritos. No sé quien de los dos suelta antes la mano del otro pero los tres nos quedamos mirando como tontos.
Ángel es el primero en reaccionar, se lleva a la antes conocida como Vomitator a la habitación y sale al momento con el abrigo.
- ¡Vamos! Hay que ir a trabajar.
- ¿Y Víbo..., quiero decir, tu novia?
- Bastante tiene ya con la resaca que lleva, hoy no irá a trabajar.
Me lleva en su coche directamente a la redacción. Por el trayecto ni nos hablamos ni nos miramos. En la radio vuelve a sonar Fito.
“Sabes, quisiera darte siempre un poco más de lo que te pido. Sabes que soñaré, sino estás, que me despierto contigo...”
En la redacción el día transcurre con normalidad, ni siquiera ha venido a pedirme su café matutino. Pero yo me lo he tomado por él, ese y cinco más. Tengo las pupilas como sandías y no puedo parar de mover las manos, pero así por lo menos no tengo que pensar. Me dedico a practicar mis juegos de magia.
Después de comer me acerco, por primera vez como público, al plató de Sé lo que hicisteis…
El programa ya ha empezado y Ángel está hablando de algún importante suceso de algún conocido programa del corazón. Noto como me lanza miradas fugaces. ¿Qué significan? ¿Quiere que esté allí? ¿Se siente incomodo? Igual simplemente es bizco.
Termina su sección y me hace un gesto para que lo siga. El pasillo está lleno de gente, me pasa un brazo por la cintura y me acerca a él.
- A las 6 en el bar de la otra vez. No puedes fallar.
Y se va. Y me deja más caliente que el pico de una plancha.
Son las 6 y estoy sentada en la mesa de la otra vez. Él acaba de llegar, pero aun no me ha visto. No pienso hacerle señas, siempre que lo hago acaba enterándose todo el mundo menos el que tiene que enterarse, así que lo dejo buscarme, es más divertido.
Cuando al fin me encuentra se sienta a mi lado y me coge la mano.
- Gracias por todo, de verdad.
- No es nada…
- Sí que lo es, por lo menos para mí. Ayer hiciste muchas cosas que no tendrías por qué haber hecho y siento que mereces una explicación.
- No hace falta… - o no, ¡Es un Déjà vie! Ahora me dirá que le gusta Vívora2.
- Tengo que hacerlo o seguiré sintiéndome mal. Mira, últimamente mi novia y yo no estamos en nuestro mejor momento, tenemos muchas discusiones. Normalmente lo solucionamos enseguida pero ayer fue diferente. Tuvimos una discusión muy grande y no supimos como pararla. Por eso ella se puso a… beber – se veía que le estaba haciendo un gran esfuerzo contarme todo aquello, sabía a ciencia cierta que Ángel era muy receloso de sus asuntos – por eso, ella se puso así y yo no supe reaccionar. Tu compañía me ayudó mucho. Gracias de nuevo.
¿Así que tiene problemas con Víbora1, eh? Y mi compañía le ayuda, ¿no? Vaya, vaya… alguien está escalando posiciones…
- Eres una gran amiga.
¿Cómoooooooooo? ¿Una amiga? ¿Eso es todo? ¿Se acuerda bien de todo lo que hice por él? Qué tuve que sujetar a su novia mientras potaba por favor… eso no es de amiga. ¡Quiero favores sexuales!
Después de agradecérmelo una vez más y comentarme que aquello no se lo había contado a nadie y prefería que siguiera siendo así se fue. Tal y como vino se esfumó.
Y yo volví a quedarme sola, murmurando barbaridades por lo bajo.
¡Estúpido enano!

Capítulo 8:

Ángel me ha clavado una espada en el corazón, y no contento con eso me ha rellenado la herida con sal y alcohol. ¿Tengo alguna posibilidad ahora? Quizá es que no me conozca lo suficiente, sólo hace 3 semanas que trabajo con él, y siempre que hemos hablado ha sido por pura casualidad: cafés, desmayos, novias borrachas…
Ese pensamiento me animó, cuando me conociera mejor su actitud hacia mí cambiaría, eso seguro, lo que era complicado es que cambiara a mejor.
Bueno, años y años drogándome la cabeza con películas de Disney me decían que él se daría cuenta de que me ama y vendría a mí… pero mi experiencia en el mundo real me aconsejaba que le ayudase ligeramente a darse cuenta.
Así que sólo tenía que acabar con su relación y demostrarle que una morena de metro setenta es mucho mejor que una rubia de metro ochenta. Fácil, sencillo y para toda la familia.
¡Esto es la guerra!
Como gran amiga de Ángel ya no hace falta que venga a pedirme el café así que voy yo.
Lo pillo levantado.
- Ahora iba yo a por uno… - dice riendo.
Con cuidado de no derramar más cafés sobre la gente lo acerco a mí hasta que su ombligo roza con el mío. Me permito un segundo de disfrute y luego le pregunto al oído:
- ¿Qué tal va todo?
Me hace un gesto con el que percibo que las cosas siguen tan mal como antes o quizá peor.
Le toco la espalda en señal de que estoy a su lado y el me lo agradece con una tímida sonrisa.
¿Será mío algún día?

Capítulo 9:

Mi relación con Ángel iba de mal en peor; él me quería, pero sólo como amiga. Creo que hasta empezaba a verme como una hermana. Qué odioso es el amor cuando no eres correspondido. Me estoy volviendo loca, pero ya lo decía Calderón de la Barca: “Cuando el amor no es locura, no es amor” Es curioso que frases así sólo se entienden cuando estas enamorado. Debe ser una trampa, porque si las comprendiésemos no nos enamoraríamos nunca.
Había llegado a la conclusión que sí yo era la mejor amiga de Ángel, mi mejor amiga sería la botella. Así que por segunda vez en este mes fui al mismo local a intentar emborracharme. Y por segunda vez en este mes vi a Ángel dentro, bailando.
Intenté alejarme de él y me coloqué en mi lugar de la barra. Después de unos cubatas la vida comenzaba a ser maravillosa… con todas esas lucecillas de colores y la luz al final del túnel… ah no, eran los lavabos.
Fijaos, hasta los chistes son peores cuando estás enamorado. Mi vida se desmoronaba. Pero no es momento de contemplaciones. El efecto del alcohol no durará mucho así que me pongo a bailar. Por desgracia, no calculo las distancias tan bien como pensaba, y acabo chocándome con Ángel. Cuando, después de unos cuantos segundos descubre quien soy me invita a bailar. Al principio bailamos separados “tú en tu volcán y yo aquí en el polo” como reza la canción de Sergio Dalma. Pronto descubro que baila fatal, así que, entre risas y cachondeos acabamos acercándonos para bailar una especie de vals. El único problema es que la canción es bastante más movida, pero ningún ritmo estúpido va a apartar mi ombligo del suyo. Han decidido formar un universo compartido y ¿Quién soy yo para evitarlo? Suena Fito&Fitipaldis y eso me anima a mirarle a los ojos. Él me mira, con esa sonrisita que sólo puede ser fruto del alcohol y volvemos a reír. Poco a poco nos alejamos de la multitud. Bailamos sin rumbo pero acabamos en una esquina solitaria. Después de una canción movidita, y ya cansados, volvemos a acercarnos para bailar una balada. Apoyo mi cabeza sobre su hombro. Él baja la cabeza y yo subo la mía. Nuestras bocas se encuentran y se para el tiempo. En mi estómago mi corazón baila la conga con mis intestinos. Nos separamos al instante, él me mira fijamente y antes de que pueda apartar la mirada vuelve a acercarme y me besa. Es un beso extraño, porque unido a lo dulce del momento se añaden mis lágrimas. No sé muy bien si de tristeza o de felicidad. Felicidad por ese momento y tristeza porque mañana ya no se acordará.

Capítulo 10:

Después de una noche intensa llegué a mi casa con la cabeza repleta de pensamientos que luchaban entre sí cual gladiadores en una de esas películas romanas que las chicas sólo vemos por esos ungidos y bronceados cuerpos de los actores. La verdad ahora ni siquiera sabía si estaba mejor o peor que antes. Había besado a Ángel Martín, y eso debería estar haciéndome desfallecer de placer pero lo único que conseguía era complicarme más.
Después de una ducha un poco más larga de lo habitual me vestí y volví al trabajo. Al llegar descubrí que todo era igual que ayer, no había caído un meteorito sobre la tierra, no había llegado el Apocalipsis… ni siquiera me miró nadie al entrar. Eso me demostró dos cosas: que quizá Ángel Martín no era el ombligo del mundo y que tenía que empezar a hacer amigos. Oí un tumulto al fondo del pasillo y reconocí de lejos a los amigos que estaban con Ángel en la discoteca. Iban con alguien parecido a Ángel, pero mucho más ojeroso y despeinado. “Qué mal le sienta una noche conmigo” pensé.
Conectando mi gacheto-oído descubrí que hablaban de anoche, y de cómo Ángel se ligó a una de las chicas de la redacción.
- ¿De la oficina? – dijo Ángel confuso - ¿Quién?
- No sé como se llama, tío. Pero se sienta por ahí, espera que voy a buscarla…
Reuní todas las neuronas que me quedaban vivas para pensar un plan de huída, pero debí matar muchas ayer y solo se me ocurrió esconderme debajo de la mesa. Por suerte ese gran amigo de Ángel pasó despistado. Pero detrás de él fue Ángel, al que desgraciadamente se le cayó un boli.
- ¿Qué haces ahí? – dijo divertido
- Explorar.
- Anda sal – me tendió una mano que yo me resistí a coger, pero que tuve que aceptar.
- ¡La has encontrado tu solito! – el gran amigo se había dado la vuelta.
Lo fulminé con la mirada, si hubo un momento de mi vida en el que eché de menos no tener rayos X en los ojos era aquel.
- Ella es la chica… ¡La de ayer! – Ángel parecía muy confuso
¡Tierra trágame!

Capítulo 11:

Sin decir nada se dio la vuelta y se fue. Pensé que era el final de nuestra historia. Pero… ¿Qué historia? ¿Un boli, un café y un beso? Eso era todo lo que iba a haber entre nosotros. No podía luchar. Estaba cabreada con él y conmigo misma. ¿Acaso yo tenía la culpa? Él fue quien se lanzó… No tenía ganas de sentarme y hacer como si nada hubiera pensado, ni siquiera sabía si quería seguir trabajando allí... Pero, de momento, no debía salir del edificio, no debía perder el trabajo. Así que me tomé un descanso. A esas horas nadie transitaba la “Sala de recreo” o “Sala con una máquina de café y una mesa grande” así que decidí que ese sería mi escondite secreto. Me tumbé debajo de la mesa y me quedé mirando la colección de chicles pegados de mi improvisado techo. Cualquiera que hubiera entrado me hubiese tomado por una loca, pero desde pequeña me gusta reflexionar en sitios como aquel. Estar en un lugar tan cerrado tranquiliza, crea un espacio único y personal. O al menos eso era hasta que alguien entró en la habitación.
- ¿Qué haces ahí?
- Explorar…
Pero esta vez, en vez de tenderme la mano se unió a mí y se tumbó a mi lado.
- Lo siento – dije casi en un susurro
- ¿Qué pasó exactamente? – Ángel no parecía enfadado, ni decepcionado. Me hablaba con ternura y miraba al techo, igual que yo, cosa que agradecía.
- No lo recuerdo muy bien – mentí – yo también iba bastante “contenta”. Recuerdo que empezamos a bailar.
- ¿Un vals?
- Si bueno, algo así – y los dos reímos.
- ¿Y después?
- Ya lo sabes.
- ¿Quién se lanzó?
- Creo que fuiste tú.
- Lo siento…
¿Qué clase de conversación era aquella? ¿Primero se va y ahora vuelve así? ¿Lo han drogado a valium o qué?
- Mi novia me ha dejado – dijo sin más, como quien dice lo que cenó ayer.
- Todo es culpa mía, yo hablaré con ella… - ahora si que me sentía mal.
- Tú no tienes la culpa de que yo estuviera borracho, ni de que me lanzase, ni de que mi novia y yo… ex-novia y yo...tuviéramos problemas.
Le cogí la mano y el entrelazó sus dedos entre los míos. Al rato nos levantamos y sin decir nada, como si aquella conversación no hubiera existido, nos marchamos a nuestras respectivas mesas.
Aquella fue la última vez que hablamos. Y de esto ya hace un mes.

Capítulo 12:

Notaba sus ojos clavados en mi nuca. Levanté la cabeza y lo vi, frente a mí. Su mirada era mucho más intensa de lo habitual. Me tendió la mano para levantarme y yo la tomé. Ángel no dejaba de mirarme a los ojos ni un solo segundo, nos separaban apenas dos centímetros y nuestra respiración se aceleraba. Él levantó la mano y yo aparté instintivamente la cara. Entonces él acarició mi cuello, suave y lentamente y sentí como todo el vello de mi cuerpo se erizaba. Poco a poco, como a cámara lenta, nuestros labios se unieron en un beso y detrás de ellos todo nuestro cuerpo. No podía apartarme de él, no quería hacerlo. Nos separamos un poco para que él pudiera manejarse con más libertad y sin dejar de besarnos me ayudó a quitarme la camisa… botón a botón. Poco a poco nuestras ropas iban cayendo y nuestros cuerpos iban acercándose. Cada vez que él me acariciaba notaba como un tímido escalofrío nacía en mi nuca e iba a morir en lo más profundo de mi ser. Sin perder la suavidad me acercó hasta el borde de la mesa, aquella mesa donde había pasado tantas horas mirándole, y me tumbó. Me faltaba el aire, un hormigueo recorría cada parte de mi cuerpo. Él subió a la mesa y se puso encima de mí. Noté sus labios recorriendo mi cara, mi cuello… Y entonces, acercándose más a mí para unir definitivamente en uno nuestros cuerpos…
“¡Mierda! ¡Es qué hasta en sueños me deja a medias!” grito
Y es que como cada noche, vuelvo a despertarme empapada en sudor. Como os conté en mi pasaje anterior, hace ya casi un mes que no he vuelto a hablar con Ángel. Y como podréis observar no lo he olvidado lo más mínimo. Mis fantasías empezaron poco después de nuestra última conversación, es muy frustrante porque nunca llego a… ya sabéis… culminar. Soy negada hasta para soñar… y claro, después de casi un mes con estos “encuentros imaginarios” podréis imaginar que una ducha fría no es precisamente lo que necesito. Pero yo soy fiel a mi amor, no me sirve cualquier macho. Lo que está claro es que si Ángel no da el primer paso para hablar lo haré yo… Porque esto no puede seguir así, o acabaré convertida en una psicópata salida de esas que se masturban delante de un póster de su ídolo.
Así que me decido, hoy cuando llegue a la redacción…
Pero nada. Llego a la redacción y siento en mi mesa como siempre.
Pero cuando pase por delante de mi mesa…
Tampoco. Al parecer, justo al pasar a mi lado sin mirarme mis cuerdas vocales parecen desaparecer, para reaparecer en el momento que su figura se esfuma tras una esquina.
Así que tan deprimida como cada día decido tomarme un café. ¡Quizá eso me de fuerzas para hablar!
Como siempre a esa hora la “sala de recreo” está vacía. Así que me cojo mi café y me siento en una esquina. Varios hombres pasan por la puerta y me siguen con la mirada. Es increíble que en todo este tiempo aún no me haya creado ningún amigo. ¡Ni siquiera hablo con nadie! Creo que me llaman “la loca de la baraja” Deben pasárselo genial haciendo bromas sobre si cada vez que practico magia con mis cartas estaré pensando una nueva forma de asesinarlos a todos.
Ese pensamiento me deprime aún más.
Y, por casualidad, como siempre nos pasa, se materializa Ángel en el marco de la puerta. Le veo por el rabillo del ojo pero no me atrevo a mirarle fijamente. Creo que no ha repercutido en mi presencia. Cuando se encuentra de espaldas a mí consigo reunir todo el valor que he ido acumulando en estos 30 días y grito:
- ¡Ángel!
Entonces, antes de que se vuelva, e incluso antes de que él llegue a oírlo un pensamiento se forma en mi cabeza. ¿Y si él me odia y yo estoy haciendo el ridículo? ¿Y si por eso lleva 30 largos días evitándome? y pierdo todo el valor reunido.

Capítulo 13:

¿No os parece que justo en este momento empiece el capítulo número 13?¿Por qué ese número es tan odioso?¿Qué tiene contra el resto del mundo?¿De pequeño le maltrataban, o como dicen los modernos, le hacían bulling? Eso no me da buena espina…
Pero siguiendo con la historia, tengo a Ángel de espaldas a mí. Pueden haber pasado horas o quizás sólo unos segundos, pero Ángel no se vuelve. Así que, con toda mi madurez, me vuelvo a esconder debajo de la mesa. Es una escena un poco patética. Espero Ángel se vaya pero sigue sin moverse. ¿A qué le ha dado un yuyu? Fuera de todo pronóstico, Ángel se pone en cuclillas y se me queda mirando. Yo, medio sentada medio echada, en una de esas poses de muñequita de playa ladeo la cabeza, buscando una conexión entre mis neuronas que me explique la retorcida mente de ese pequeño gran hombre. Siguiendo con mi gran demostración de madurez digo:
- ¿Por qué me odias?
- No te odio.
- Ya no me hablas…ya no me pides cafés.
- Necesitaba un tiempo sin problemas.
- ¿Yo soy un problema?
- Todas las tías lo sois - ¡Anda con el listillo!
Lo empujo hacia atrás y cae de culo.
- Y ahora tráeme un café
¿Qué estaba haciendo? ¿Hace 5 minutos no me hablaba con Ángel y ahora le voy con exigencias? Soy estúpida, estúpida, estúpida. Sobre todo porque tengo un café en la mano. Pero aprovecho mientras se levanta para terminármelo de un trago.
Como un perrito bien domesticado me trae un café y se sienta a mi lado.
- ¿Ya puedes permitirte el lujo de tener problemas?
- No, pero eres difícil de olvidar – dijo guiñándome un ojo.
En otro momento quizá esa frase me hubiera echo fantasear hasta lograr alcanzar el nirvana pero en estos momentos me cabreaba un poco. ¿Qué quería decir con eso? Pero si era yo la que le había llamado… ¡Qué cara más dura! ¿De qué iba?¿De rompecorazones?

Capítulo 14:

Pero poco me dura insultarle, porque esos ojitos me robaban los pensamientos. Así que yo sólo podía sonreírle como una estúpida y escuchar su historia de cómo había terminado con su novia la cual, después de acabar su relación con Ángel había perdido todos los títulos honoríficos y ahora sólo era una rubia estúpida más.
También me contó que al saber lo que había pasado en la discoteca y que su novia lo dejara por fin, que llevaba meses buscando una excusa para hacerlo, necesitaba un tiempo sin pensar en nada y entonces era cada vez más complicado volver a hablarme, hasta que simplemente dejó de pensar como hacerlo.
Aquello me dolió, pero era mejor eso que que me odiara. Me confesó que este mes había estado muy solo, porque aunque tenía bastantes amigos, casi todos eran de la redacción y a ellos no podía contarles sus problemas.
¡Oh, dios mío! ¿Soy su diario? Mi cara en ese momento era un poema…
- ¿Qué te pasa?
- ¿Eso es todo lo que soy? ¿Un lugar donde desahogarte? ¿Tú pañuelo de lágrimas?
Él se quedó bastante confundido pero yo me fui indignada, no sin antes golpearme la cabeza contra la mesa. Por una vez era yo la que lo había dejado embobado debajo de la mesa, por una vez le había plantado cara. Quizá me había cegado mi amor incondicional por él. No podía obligarle a ser como yo necesitaba que fuese. Quizá el no era para mí. En todo este tiempo había sido amable, pero me había utilizado. Me sentía como uno de esos rollos de papel que están en los baños para secarse las manos, y que la gente gasta sin control para luego tirarlos casi secos. ¡Yo no quiero ser un rollo de papel! Yo me merezco algo mejor… quiero ascender en el ranking de toallas y llegar a ser una de esas toallitas de limón que dan en los sitios importantes, que siempre guardas para una ocasión especial, y que son importantes para ti.
Con esos pensamientos salí del edificio y me fui a un parque cercano. Pensé que ese era un buen lugar para un rollo de papel que deseaba convertirse en toallita de limón. En casi el corazón del parque se encontraba un pequeño lago, con varios árboles acuáticos, un sauce llorón y peces. Apoyada en barandilla me interesé por aquellos pececillos. No me importaría ser un pez… pero creo que no me queda bien el color naranja. Inmersa en mis reflexiones se pasó la mañana. No tenía hambre así que no me moví de allí. Pero yo tenía un gran problema, y es que mis enfados duran muy poco… y a las horas ya no me importaba que Ángel me utilizase. ¿Cómo puedo ser así?
Alguien carraspeó detrás de mí y yo di un respingo. Era Ángel, con carita de pena y una mano en la espalda. Antes de que yo pudiese decir nada o buscar la cara adecuada para mirarle mal él sacó una especie de pequeño ramo, compuesto por una rosa rodeada de una infinidad de bolis bic. ¿Cómo podía enfadarme con una persona tan extraña?
- ¿Qué es eso? – acerté a decir después de un largo e incómodo silencio.
- Hay un boli por cada vez que me has ayudado… cada vez que me has traído un café, cada vez que me has aguantado con mis problemas…
- ¿Y la rosa?
- Por el día que te conocí.

Capítulo 15:

Y ahí estoy yo, frente a un hombre que ha estado contando todos mis favores, ha ido a una tienda a comprar ese número en bolis y luego se ha plantado en una floristería a comprar una rosa. Supongo que no hay que ser un genio para adivinar que quizá no le importe tan poco… No puedo evitar reír al observarlo. ¿Será que mi mente no es la más enferma de la ofi? Me acerco a él lo suficiente para perder de vista su carita de pena y concentrarme en sus ojos. Me gustaría besarle pero no quiero estropear el momento. ¿Os imagináis que entonces él se enfada y yo tengo que regalarle algo? ¿Qué le podría regalar? ¿Toallitas de limón? Así que me trago con patatas mis fantasías y le doy un cariñoso abrazo. Él sonríe aliviado. ¡Qué cosa más bonita! Una sonrisa de ese hombre ilumina el alma. ¡Oh, creo que me empiezo a enamorar de verdad!... Bueno, de momento no parece una sensación tan mala.
De vuelta en el trabajo descubro que a mi supervisora no le hace gracia que me haya ido de paseo por el parque… Pero como estoy enamorada pienso que lo que pasa es que no toma all bran y está celosa de mi felicidad. Así que con una sonrisa me siento en mi mesa y me propongo terminar bien el día. Pero ella no está dispuesta a que eso sea así y empieza a chillarme. Me dice que está harta de que me vaya de repente sin decir nada, de que me esconda por la oficina y de que no ponga atención en lo que me explica. Lo peor de todo es que tiene razón y no puedo hacer otra cosa que agachar la cabeza y con el rabo entre las piernas asentir mientras ella me azota una y otra vez…como a Jesucristo en las películas. Aunque yo soy mucho mejor que Jesucristo, porque a él no le han regalado un ramo de bolis. Cuando ya se queda sin aire recoge la lengua en su enorme boca y me ordena que haga algo útil. Mientras sigo con mi rutinario trabajo mis pensamientos vuelan y mi mente se abstrae. Ahora yo sin Ángel soy como un monstruo sin sus galletas…
Me río de mi misma tras ese pensamiento y me apunto mentalmente que debo madurar.
Por fin llega la hora de irse, con el abrigo en una mano, el bolso en la otra y la rosa en la boca me dispongo a salir cuando alguien se interpone en mi camino. Una caja llena de papeles le reduce el campo visual y choca contra mí. Cae junto a una lluvia de papeles. Me disculpo a ciegas, y con la rosa aun en la boca me dispongo a recoger las cosas. Algunas de ellas son fotos y tiemblo al observar que son de la “antes conocida como Víbora1”
Pero al levantar la mirada descubro que no es ni mucho menos la exnovia de Ángel. Es un hombre, que creo reconocer como amigo de Ángel, al que ya había visto en la discoteca. Él también se disculpa y se dispone a recoger conmigo. Por alguna razón nos miramos como idiotas.
- ¿Tú eres la… la… - parecía no saber como calificarme – la “amiga” de Ángel no? La becaria...
- Supongo.
- Vaya…
Me observa de arriba abajo como observa una serpiente a su próxima cena. “Por suerte” aparece ExVíbora y lo saca de sus ensoñaciones.
- Ya voy
Y desaparece por el marco de la puerta, siguiendo a la rubísima, no sin antes darme otro repaso.
Debajo de una mesa descubro otra foto, seguramente olvidada por el amigo mirón.
Le doy la vuelta y Ángel me devuelve la mirada. La imagen recoge a mi amor sentado en la hierba, sonriendo. Decido que Exvíbora no va a necesitar más esta foto y me la meto al bolsillo. Cuando salgo empieza a llover de forma copiosa. Corro hacia el coche pero alguien me agarra. Es el amigo mirón de antes. Con las manos libres es mucho más pulpo.
- Déjame invitarte a algo.

Capítulo 15 (Parte2):

No sabía que decir, bueno, la verdad es que no sabía como decirle que no. Era mono, pero no era mi tipo. El debió verlo en mis ojos porque rápidamente dijo:
- Sólo quiero hablar.
¿Sería un violador? La curiosidad es más fuerte que yo y acepto. Ojalá Ángel venga a salvarme si es un asesino. Vamos al bar de siempre y nos sentamos en la mesa de siempre. ¿Casualidad? Pide dos cervezas antes de que yo tenga oportunidad de decirle que odio la cerveza.
- Bueno… ¿Qué? – me pregunta
Este hombre es realmente extraño. Primero me invita a beber algo que yo no quiero y ahora me pregunta algo que no sé contestar ¿Pero no quería hablar él? ¿Y las raras somos las mujeres?
- ¿Qué de qué?
- Con Ángel
¿Pero que es esto? ¿Por qué he venido?
- No sé, que te lo diga él, es tu amigo ¿no?
- Sí. ¿Cuánto llevas en la redacción?
- Dos meses. ¿Por qué me preguntas esto?
- ¿Qué relación tienes con Ángel?
- ¿A ti que te importa?
- ¿Sois amigos o algo más?
- ¿Pero tú quien eres?
- Contesta
Pasaba completamente de lo que yo pudiera decir si no tenía que ver con sus preguntas. Era un verdadero incordio.
- ¡Gonzalo!
Era Ángel. Como predije vino en mi rescate. Coge a Gonzalo por la muñeca y se lo lleva a una cierta distancia para que yo no pueda oírles. Así que lo único que puedo hacer es leerles los labios:
- ¿Qué haces aquí con ella?
- Creo que me he enamorado de ella
- Pero si no la conoces de nada
- Eso no importa
- Yo la vi primero, es la mujer de mi vida y la amo. Quiero casarme con ella y tener muchos hijos.
- Oh, Ángel, tienes razón. Ella y tú estáis hechos el uno para el otro. Lo supe desde la primera vez que os vi juntos. Creo que lo que me pasa es que te amo a ti, y me celaba veros juntos. Pero si es la mujer de tu vida será mejor que os deje amaros.
¡Qué pena que yo no sepa leer los labios! Pero…¿A qué hubiese sido bonito?
Así que tengo que esperar hasta que… ¿Gonzalo? se rinde y se marcha y viene Ángel a contarme lo sucedido.
- No hay manera de alejarme de ti ¿eh? – le digo
- Creo que no. Siento lo de Gonzalo, es un poco raro, pero es majo.
- Me estaba haciendo preguntas extrañas.
- Sí, lo sé. También me las ha hecho a mí. Por eso le he dicho que se fuese. Espero que no te importe.
- ¿Por qué hace esas preguntas?
- Él es así, no hay más. Nos ha visto juntos y necesita enterarse de todo.
La verdad es que era ya casi irreal eso de encontrarme a Ángel en todos lados. ¿Me estaría siguiendo? Quizá me amaba tanto que me perseguía allá a dónde fuese…
Luego recuerdo que casi toda La Sexta viene aquí a tomar un café a la salida del trabajo y me desanimo. Nuestra conversación es larga, hablamos un poco de todo. Ángel intenta que yo hable lo más posible. Se ve que le llegó hondo mi enfado. Acabamos despidiéndonos y cada uno en su casa. Hoy tampoco me lo zumbaré. Lástima. Pero como estoy enamorada valoro los buenos momentos que pasamos juntos. Qué estúpido es esto del amor.

Capítulo 16 (Parte1):

Me paso la noche viendo películas de Disney. Ahora que estoy enamorada tengo que tomar nota de cómo ser. Pero no encuentro información que me sirva. En las películas de dibujos todos son príncipes y guapos. No hay sitio para las becarias en el mundo del señor Walt Disney. Así que tendré que crear mi propio cuento. Me quedo dormida con ese pensamiento.
Al día siguiente, llegando a la oficina, me encuentro con Gonzalo. No me habla, pero tampoco deja de mirarme ni un solo momento. Al sentarme en mi mesa espero llegar un día de aburrimiento y rutina pero no es así. Mi supervisora sigue cojonera y me hace recorrerme el edificio unas cuantas veces buscando papeles. En uno de esos paseos me encuentro a Ángel, tomando un café con Víbora2 y otro chico. Hacía mucho tiempo que no me preocupo por ella. Ahora que Víbora1 estaba fuera de combate, Víbora2 podía arrastrarse a sus anchas. Al verme Ángel se acerca a mí.
- Mira lo he pensado mucho, y no puedo dejar de pensar que te he utilizado y no quiero que pienses que soy así. Como amiga mía que eres quiero presentarte a mis amigos. Hemos quedado esta tarde en el bar de aquí al lado. Ven, por favor.
- Está bien. Pero poco rato ¿vale?
Los hombres son así. Mira que había cosas que poder hacer para agradecerme todo…pero invitarme a sus amigos. ¿¡Nadie se acuerda de lo tímida que soy!?

Capítulo 16 (Parte 2):

Me he pasado la hora de la comida pensando en lo que podía suceder en la “cita” de esta tarde. Pero, por alguna extraña conexión de mis neuronas mis ensoñaciones tenían bailes y banquetes similares a los de la Cenicienta. Si las películas de Disney eran ciertas Ángel acabaría dándose cuenta de que las rubias esculturales eran en realidad brujas malvadas disfrazadas y que si me besaba yo me convertiría en su princesa.
Suspiro. Mi supervisora me mira. Creo que no he comentado que como en el trabajo. Quizá porque como sola, en una mesa apartada. Es increíble que aún no haya hecho amigos… ¿Soy tan insoportable? ¿Huelo mal?
El tiempo parece que tampoco me quiere demasiado y en un abrir y cerrar de ojos es la hora de salir. Creo que aún tengo oportunidad de decir que estoy enferma y no aparecer. Sí, le diré que me encontraba fatal y necesitaba irme a casa… en el colegio me funcionaba.
- ¡Hola! – lo había olvidado, me funcionaba cuando los profesores en cuestión no me veían – Vamos hacía el bar.
Cuando llegamos todos sus amigos ya están allí. A algunos los conocía por el programa, otros me sonaban de la fiesta y algunos eran desconocidos para mí. Ángel me los presenta a todos y ellos me miran con curiosidad.
Comienzan a hablar de sus cosas: del programa, nuevos giros del guión, audiencias…
Yo voy siendo excluida de la conversación hasta que empiezo a pensar que me he vuelto transparente. Creo que si en este momento me levanto y bailo desnuda sobre la mesa no se fijarán en mí. Así que me excuso para ir al baño y me quedo allí. Pasa media hora y sigo sentada en una esquina entre el lavabo y la pared. Al parecer mi príncipe prefería a las hermanastras malas y feas antes que a la Cenicienta.
Nota mental: Quemar todas las películas de Disney.
Las películas de dibujos crean esperanzas a las niñas que algún día serán adultas y pensarán que si son buenas y humildes su “príncipe azul” las amará. Pero en realidad los príncipes azules no son más que sapos disfrazados que sólo disfrutan viendo el fútbol y yéndose con las brujas malas que tienen una 100 de pecho y unas piernas de 1’20m. Así que las princesas buenas y humildes tienen que quedarse en los baños, limpiando la mierda de las brujas malas.
Quizá necesite encontrar a mi media naranja en un lugar más a mi nivel. No creo ni que me merezca una media naranja… más bien un medio kiwi. Son infinitamente más bonitos que una naranja pero todo el mundo los desprecia. ¿Por qué? Porque prefieren una naranja sugerente y voluptuosa de esas que sueltan mucho caldo pero luego son sosas o amargas. Los kiwis son más sencillos, más blanditos y más cariñosos. Mientras terminaba con mi guerra frutal alguien llama a la puerta.
- ¡Está abierto! – grito
Pero en vez de entrar la sesentona de vejiga suelta que esperaba entra Ángel.
- ¿Estás bien? Llevas mucho rato aquí…
- Estoy genial
Ahora que lo miro bien se asemeja mucho a una naranja. De esas gordas que prometen mucho y luego están llenas de pepitas.
- ¿Qué haces aquí?
- Lo mismo que allí, ocupar un espacio en balde.
- Venga, no seas cría.
Si hay algo que odio, es eso. Pienso irme a mi casa y comprar 1kg de naranjas. Luego las voy a acuchillar y…
Alguien golpea la puerta. Esta vez sí es una sesentona. Salimos del baño y me vuelve a llevar a la mesa.
- No, creo que yo me voy a ir ya…
- No te vayas – me dice al oído – quizá no haya sido tan buena idea como pensaba. Te invito a cenar. Solos. Por favor.
Así que me siento de nuevo e intento no desentonar. Es decir, me río cuando se ríen los demás y no abro la boca. Cuando todos sus amigos se han ido ya Ángel me dice:
- Siento haberte hecho venir, no me he dado cuenta de que no conoces a nadie y puede llegar a resultar muy incómodo. Pero sigo pensando en compensarte. Déjame invitarte a cenar.
No sabía muy bien como tomármelo.
- ¿Tú eres de naranja o de kiwi? – pregunto.
Me responde y me yo me río. Él sonríe aliviado de que no esté enfadada.
- ¿Tan divertido es que sea alérgico a las naranjas?


Capítulo 17:

¿Cómo puede estropearse tanto un momento tan bonito? Todo por mi culpa. Nada más salir del café empezó a darme un fuerte dolor de cabeza. Seguido a ello un intenso dolor en el estómago y unas increíbles ganas de vomitar. Vamos, todo un chollo.
Así que nuestra cena romántica a la luz de las velas tendría que esperar.
Llevo dos días en la cama, con fiebre alta y vómitos cada 2 horas. Así que me tengo que conformar con ver a mi amor por la televisión y de vez en cuando imaginar como habría sido aquella cena. Siempre me la imagino igual, un restaurante italiano, manteles de cuadros rojos, un gran plato de espaguetis, Ángel y yo comiendo un espagueti hasta que nuestros labios chocan…
Pero nada de eso pasó. Hay que asumirlo.
Cuando parece que me encuentro un poco mejor, me levanto de la cama y me ducho. Necesito despejarme así que salgo a la calle, a dar un pequeño paseo. Hace un poco de viento y tengo que andar encogida. En uno de los soplos me desequilibro y tengo que girarme un poco para no caer. Al hacerlo, veo por el rabillo del ojo una sombra detrás de mí. Ando un poco más deprisa, no es un buen barrio como para quedarte con alguien a solas. La sombra también acelera el paso. Giro por un callejón y la sombra gira tras de mi. Intento correr pero el aire gélido me quema la garganta y ando escasa de fuerzas, así que en unade estas me caigo al suelo. La sombra se materializa ante mí. ¡Gonzalo!
Me mira desde arriba con aire melancólico. ¿Qué hace aquí?
- ¿Qué te pasa?
- Me he caído
Me ayuda a levantarme y se acerca demasiado a mí. Me dice si quiero ir a tomar algo y le suelto una mala excusa para intentar irme. Al parecer eso no es suficiente para él porque al llegar a mi casa descubro que sigue detrás de mí. Empiezo a tener miedo y cojo las llaves cual vaquero en el far west. Pero mi mano parece una batidora y no atino en la cerradura.
- Si estas muy mal puedo quedarme a cuidarte.
- No, gracias, no hace falta.
Pero él no se da por vencido y entra en la casa. Me agarra de un brazo y me acerca a él.
- Eres muy guapa.
Intenta acariciarme la cara pero yo aparto la cara. Sigue agarrándome del brazo.
- ¡Déjame en paz!
No sé cómo, consigo pegarle una patada y dejarlo fuera del portal. Corro a mi casa y llamo por teléfono.
- ¿Ángel? Por favor ven rápido.


Capítulo 18:

Ángel acude raudo y veloz a mi llamada cual caballero de brillante armadura. Al oír el timbre me asomo por la mirilla para comprobar que no era el violador de Gonzalo. No, es él: Mi salvador.
- ¿Qué pasa, Tati? Parecía urgente.
- Es Gonzalo, ha venido a mi casa… ¡Me estaba siguiendo! Me agarró… - quizá estoy sobreactuando porque me había librado fácilmente de él, Gonzalo no es el hombre más forzudo del mundo que se diga.
- ¡Oh, mierda! Mira, Gonzalo es un buen chico, enserio, pero no sabe cuando parar. Tranquila, yo hablaré con él. Ahora quítate eso y túmbate.
- ¿QUÉ? - ¿Ángel acababa de decir lo que acababa de decir o sólo era fruto de mi mente enferma?
- Estas enferma, porte el pijama y échate en la cama.
Ángel parece haber notado mi cara de asombro porque dice rápidamente.
- Ya sé que es la primera vez que estoy aquí y que no hace ni dos meses que nos conocemos, pero tú cuidaste de mi exnovia y te debo una. Así que mientras te cambias yo bajo a comprar algo que comer… ¿Aún te debo una comida, vale?
- Pero… – yo alucinaba con este hombre
- Ni peros ni nada, voy a hacerte la comida y luego si quieres llamas a la policía para que venga a buscar al loco que ha entrado en tu casa a cuidarte.
Está claro que no se le puede rebatir así que me dejo mimar y me voy obediente a mi cuarto a ponerme el pijama. Espera, no tengo ningún pijama sexy. ¡No quiero ponerme un pijama de ositos! Y… ¡Ni siquiera voy depilada! ¡Oh, dios mío! Soy la enferma menos erótica del mundo. Así que mientras él baja a comprar yo intento arreglarme un poco. Pero es imposible. Tengo cara de enferma, cuerpo de enferma y un pijama de ositos. Espero que por lo menos le inspire ternura o pena. Bueno por lo de pena no creo que tenga que preocuparme…
Así que me tumbo en mi sofá con mi mantita y sólo me levanto para abrirle la puerta al hombre de mis sueños.
- Buenos días – me sonríe mientras sujeta una bolsa de algún supermercado de barrio, lleno hasta arriba. - ¿Te gustan los espaguetis?
Me preguntó la ubicación de la cocina y desapareció con su bolsa. Yo volví a mi fortaleza, con mi mantita y mis almohadas. Intenté esconder como pude mi osito de peluche y me puse a ver la tele.
Ángel llegó con dos platos de espaguetis boloñesa y en ese momento me di cuenta de el parecido con mis fantasías de La Dama y el Vagabundo.
- ¿Es lo único que sé cocinar, vale? – me dijo con voz de pena
- Es mi plato favorito
- Entonces perfecto
Después de una agradable comida llena de risas y espaguetis; sin besos, muy a mi pesar se me escapó una pregunta que llevaba en mi cabeza desde hacía mucho.
- No consigo entender como puede dejarte ninguna chica.
Ángel rió, pero se tomó su tiempo para contestar.
- Creo que nunca hice algo así por mi novia.
- ¿Por qué?
- No sé, todo era muy diferente.
- Entiendo…
La verdad es que no entiendo nada pero tampoco me apetece hablar de rubias. Mientras Ángel me mimara a mí qué más daban los demás.
Así que entre espaguetis, gracias y confesiones me quedé dormida. Al despertar Ángel ya se había ido…

Capítulo 18:

¡Ángel se había ido! Y no me había dejado ni una mísera nota… Así que como cualquier adulta madura… me puse a lamer su plato de espaguetis. ¿Le echaba de menos, vale? ¡No me juzguéis! En uno de esos lametazos apareció Ángel por la puerta. Con agilidad propia de un malabarista de metro fingí coger todos los platos… pero se me cayeron al suelo.
- Intentaba… recoger la mesa. - ¿Por qué daba explicaciones a nadie en mi propia casa?
- No, no, no. Túmbate. Yo recogeré, he tenido que ir a trabajar pero ya estoy aquí – estaba extrañamente feliz. Estaba casi eufórico. Daba un poco de miedo. - ¡Oh! Lo siento… quizá estoy abusando. Recogeré todo y me iré. Perdona por haber cogido una llave, hay veces que no me doy cuenta de…
- Tranquilo, me encanta tener algo de compañía.
- Gracias – ahora parecía mucho más aliviado
Le obligué a dejarme recoger a mí y nos sentamos en el sofá.
- ¿Por qué estas tan contento?
- Me hace ilusión
- ¿El qué?
- Cuidarte
En ese momento me sentí como un perro. Ángel estaba muy diferente, parecía un adolescente borracho. Se reía mucho y era incluso más patoso que yo. Estuvimos hablando hasta muy entrada la noche.
- Es muy tarde… vas a tener que irte. – incluso a mí me sonó raro decir eso pero es que estaba realmente pesado y nervioso. Empezaba a hacer que me doliera la cabeza.
- Tienes razón. Ya es tarde… Adiós. Cuídate. – hizo amago de darme dos besos pero al parecer se lo pensó mejor y se fue sin más preámbulos.
Yo me quedé sola. Con dolor de cabeza y una sensación extraña. ¿Por qué Ángel se comportaba así de repente? Normalmente era un poco serio pero agradable, tranquilo y gracioso. Desde el principio del día había sido extraño, pero por la tarde estaba inquieto, nervioso, patoso… ¡Parecía otra persona!
Después de un día tan extraño dormí como un lirón y al despertar llamaron a mi puerta.
¡Qué no sea Ángel! Al abrir la puerta descubrí que no era Ángel. ¡Era Gonzalo! Mierda, no me acordaba de él. Intenté cerrarla pero él entró.
- Tranquila, Ángel ha hablado conmigo. Siento haberte echo pensar que era una especie de psicópata – rió por el comentario, pero yo no. – bueno, sólo he venido a decirte que no te voy a molestar más. A veces soy un poco… impulsivo. Ya me voy.
- Adiós.
Me dio incluso pena. Ángel tenía razón, en el fondo era buen chico.
- Espera, ¿Quieres tomar un café?
Se volvió lentamente con ojitos de pena.
- ¿Enserio?
La verdad no sé si fue una buena idea pero tengo debilidad por los frikis psicópatas. Su visita no resultó tan desagradable. Quitando los temblores y que no me miraba a la cara era bastante simpático.
- … y cuando le dije a Ángel que sabía que erais pareja porque lo había visto en tu ordenador él…
- ¿QUÉEEEEEEEEEEEEE? – me levanté de golpe.
Gonzalo se asustó.
- Un día te oí hablar, sobre lo mucho que querías a Ángel. Fue sin querer… Ángel me dijo que no se lo contara a nadie, tranquila vuestro secreto está a salvo conmigo.
Me deshice en excusas para que se fuera y al cerrar me deslicé por la puerta hasta el suelo.
Ángel sabía lo que sentía por él.

Capítulo 19:

Pero entonces… esa repentina actitud ¿Él también me quería? Tenía que ser eso. Seguro. Por eso estaba tan contento, por eso no sabía que hacer. Ahora la que estaba nerviosa era yo, tenía una sensación extraña en la tripa… y no eran gases. Por fin sabía lo que era sentir maripositas en el estómago. Quería verle ya. Así que me pasé el resto de la mañana viendo películas de amor y repasando mentalmente comos sería nuestro encuentro.
Yo llegaría allí, él estaría en su mesa, escribiendo algo. Yo me acercaría, quizá un poco lenta, sin hacer ruido. Al llegar a su mesa el levantaría la cabeza y al verme sonreiría. Yo le haría levantarse y le diría al oído: Te quiero. Él me besaría..
Así que llego a la oficina. Voy hacia su mesa. Pero él no está allí. Quizá esté en el pasillo…No. En el plató… Tampoco. En la sala de recreo. Sí, ahí está. Sólo, concentrado en su café. Me permito un segundo de concentración en cada uno de sus rasgos, de sus movimientos. Me acerco a él por la espalda y le cojo de la cintura para que se de la vuelta…

Capítulo 19 (Parte 2) Dedicada a Anika711 que cumple 18añaz0s la guarra de ella jajaja

Un fuerte calor recorre mi cuerpo desde el cuello hasta el ombligo. ¿Amor? ¿Nervios? ¡No! Un café americano con dos de azúcar. Digamos que si alguna vez ves a Ángel Martín con una espada en la mano… no le sobresaltes. Será mejor para todos.
- ¡Mierda! – dice mientras intenta limpiarme con una servilleta
De repente se da cuenta de lo que hace y se echa hacia atrás. Es mi momento, me acerco a él lo suficiente para rozarle la oreja con mis labios y le digo:
- Te…
- ¡Me estas manchando!
Maldito café, había acabado con mi oportunidad y encima apestaba. Tenía que irme a casa.
- ¿Qué ha pasado aquí? – Víbora1 al acecho
- Nada – dije yo mientras le lanzaba una mirada fulminante
- Problemas con el café – rió él.
- Ven, Ángel. Empezamos dentro de nada, cámbiate en tu camerino. – le cogió de la muñeca

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